El Plan de Gestión Estratégica presentado por la Diputación Foral no es más que un sucedáneo de programa de legislatura que responde, desde planteamientos identitarios y soberanistas, a una realidad y a una necesidad de coalición “sui generis� entre PNV y EA, y que sirve tanto para un roto como para un descosido.
Este Plan de Gestión recoge los intereses partidarios de PNV y EA, intereses particulares y diferenciados, aunque unidos por su cordón umbilical soberanista y con un reparto de poder de taifas departamentales. Especialmente curioso es este reparto de poder y, a la par, el marcaje y el control entre el Diputado General de Gipuzkoa y el de Deportes.
El PP hubiera aplaudido su plan si se tratara de una reflexión estratégica, pero, por el contrario, desconocemos cuál es el análisis de situación que el Ejecutivo ha efectuado, si es que lo ha hecho; el análisis que, desde la autocrÃtica, ha realizado sobre las polÃticas aplicadas no describe las debilidades, fortalezas, amenazas y oportunidades de nuestro Territorio, no hay una definición finalista a cuatro años, con el agravante de que los planes de acción expuestos lo son sin valoración económica, sin objetivos temporales y sin saber qué es lo que se quiere obtener.
Los ejes del primer objetivo, que han llamado Gure Lurraldea constituyen una verdadera declaración de intenciones en la que, entre otras cosas, nos hablan de “garantizar nuestra identidadâ€?, referida, claro está, a la nacionalista. En cuanto a su estrategia en torno al euskera es más de lo mismo, 30 años de polÃticas lingüÃsticas de discriminación positiva que han fracasado, con un conocimiento alto y un uso bajo.
Además, en su Gipuzkoa del bienestar se incide en el fortalecimiento de valores y ni si quiera se mencionan la libertad, el respeto a la vida y la militancia activa contra la violencia terrorista o, desde un plano más genérico, el individuo y los valores de la ciudadanÃa, lo que define el carácter sectario de su orientación, además de que, en este mismo capÃtulo, a la hora de definir los colectivos prioritarios en polÃtica social, no hay ni diagnóstico, ni recursos, ni objetivos.
Hablan de una Gipuzkoa competitiva que deja entrever un tufo intervencionista cuando define a la Diputación como agente encargado de preparar a la empresa guipuzcoana para responder a un escenario global, tecnológico, innovador y respetuoso con el medio rural.
En el grupo juntero del PP criticamos además el objetivo de paz y normalización porque, después de 40 años de terrorismo, ni siquiera han atinado con el diagnóstico. A mi no me falta la paz, lo que nos falta es la libertad en nuestra propia tierra y para obtenerla es indispensable la derrota de ETA porque, de otro modo, se legitima el terror como elemento de relación polÃtica y de convivencia social.
En definitiva, su documento es desilusionante y despliega la naftalina más rancia y caduca de la esencia nacionalista, de esa mezcla de intereses económicos y de intereses soberanistas que además se ve desbordada por la realidad y no tiene otra receta que la de “más de lo mismoâ€?.Â
Juan Carlos Cano

